
Repaso los anuncios denunciados en el Observatorio de la Publicidad sexista del Instituto de la mujer y me sorprende comprobar que entre ellos no aparece ninguno de los reclamos eróticos que abundan en las páginas de contactos de los periódicos y en muchos canales de televisión. Algunos ejemplares proscritos son verdaderamente ofensivos: unas bragas negras, “enseña tus formas”, con el objetivo de vender tu coche; unos traseros pornográficos que animan a canjear puntos de móvil, o una mujer desnuda de cintura para abajo con la excusa de “vestir tu oficina”.
Pero a su lado conviven imágenes de modelos de lencería de marcas italianas, cuya indolencia podría ser criticada por su sosería, pero en ningún caso resultan más llamativa que una portada de dominical con Scarlett Johanson. Una elegante mujer con flequillo que cubre su torso desnudo con sus brazos, sosteniendo un frasco de perfume de alta gama, también forma parte de la publicidad denunciada. Por mucho que lo miro, no percibo ningún signo escandaloso. Nada que ver con las mujeres con látigos y cuero negreo de Helmut Newton ni con los inquietas rostros y senos de Man Ray.

No sé si el Instituto recogerá en su próximo informe el anuncio de un café donde el dicho cruel de que los hombres no pueden hacer más de dos cosas a la vez se convertiría en categoría. O el de una compañía de seguros que se presentaba como la auténtica respuesta de los “maridos inútiles”. Es curioso como algunas campañas, en nombre de la audiencia, se atreven a ridiculizar a los sexos y pretenden seducir a la vez a través de un humor picante que, en lugar de atracción, produce rechazo.
No deja de sorprenderme que la interpretación de una imagen pueda causar reacciones tan dispares, como la referida en el anuncio de Dolce & Galbana, retirado en todo el mundo. Quienes conocen la trayectoria de estos diseñadores italianos saben que el juego erótico forma parte de su imaginario fetichista. Solo es un juego, una pose, ellos trabajan por el progreso de la mujer, sería una contradicción presentarla de una manera degradante. A veces hay colectivos que pretenden hablar en nombre de las mujeres, sin detenerse a reflexionar sobre la pluralidad de lo subjetivo y de las diferentes variantes en las que hoy se declina de identidad femenina.
No hay duda de que la publicidad es un antidepresivo. Se apropia del lenguaje del poder y del éxito, del confort u del bienestar. Mundos redondos donde la belleza es incuestionable, utopías y paraísos. Más allá de sus alardes provocativos, sus modelos de conducta deben buscar el equilibrio ética y creatividad. Es inaceptable que se perpetúen unos estereotipos caducos acerca de las mujeres: pasividad, sumisión y lejía, pero igual de ofensivos que resultan aquellos que tratan al hombre como un inútil. Dicen que la experiencia es un grado, ojalá las mujeres, que nos hemos doctorado en la lucha contra el sexismo, contribuyamos a demostrarlo.
Últimamente los del GOEAR están mareando un poco la perdiz, así es que para escuchar la canción que adjunta este post pincha aquí
Pero a su lado conviven imágenes de modelos de lencería de marcas italianas, cuya indolencia podría ser criticada por su sosería, pero en ningún caso resultan más llamativa que una portada de dominical con Scarlett Johanson. Una elegante mujer con flequillo que cubre su torso desnudo con sus brazos, sosteniendo un frasco de perfume de alta gama, también forma parte de la publicidad denunciada. Por mucho que lo miro, no percibo ningún signo escandaloso. Nada que ver con las mujeres con látigos y cuero negreo de Helmut Newton ni con los inquietas rostros y senos de Man Ray.

No sé si el Instituto recogerá en su próximo informe el anuncio de un café donde el dicho cruel de que los hombres no pueden hacer más de dos cosas a la vez se convertiría en categoría. O el de una compañía de seguros que se presentaba como la auténtica respuesta de los “maridos inútiles”. Es curioso como algunas campañas, en nombre de la audiencia, se atreven a ridiculizar a los sexos y pretenden seducir a la vez a través de un humor picante que, en lugar de atracción, produce rechazo.
No deja de sorprenderme que la interpretación de una imagen pueda causar reacciones tan dispares, como la referida en el anuncio de Dolce & Galbana, retirado en todo el mundo. Quienes conocen la trayectoria de estos diseñadores italianos saben que el juego erótico forma parte de su imaginario fetichista. Solo es un juego, una pose, ellos trabajan por el progreso de la mujer, sería una contradicción presentarla de una manera degradante. A veces hay colectivos que pretenden hablar en nombre de las mujeres, sin detenerse a reflexionar sobre la pluralidad de lo subjetivo y de las diferentes variantes en las que hoy se declina de identidad femenina.
No hay duda de que la publicidad es un antidepresivo. Se apropia del lenguaje del poder y del éxito, del confort u del bienestar. Mundos redondos donde la belleza es incuestionable, utopías y paraísos. Más allá de sus alardes provocativos, sus modelos de conducta deben buscar el equilibrio ética y creatividad. Es inaceptable que se perpetúen unos estereotipos caducos acerca de las mujeres: pasividad, sumisión y lejía, pero igual de ofensivos que resultan aquellos que tratan al hombre como un inútil. Dicen que la experiencia es un grado, ojalá las mujeres, que nos hemos doctorado en la lucha contra el sexismo, contribuyamos a demostrarlo.
Últimamente los del GOEAR están mareando un poco la perdiz, así es que para escuchar la canción que adjunta este post pincha aquí