domingo, julio 22, 2007

Dar la vuelta a la pisada


Empezaré diciendo que para mí la fuerza de los conjuros no radica en nada mágico ni sobrenatural sino en todo lo contrario, es decir en algo perfectamente natural. A ver si sé explicarme. En mi opinión, desde tiempos muy remotos, a través de la magia el hombre ha realizado acciones propias de la voluntad que, posiblemente, sería incapaz de poner en marcha de otro modo. Lo que quiero decir es que todos tenemos la capacidad de lograr metas consideradas imposibles como, por ejemplo, curarnos de una enfermedad mortal o alcanzar objetivos que normalmente exceden la capacidad humana. Un creyente llamaría a esto la fe que mueve montañas. Yo, pienso, sin embargo, que no se trata de una intervención divina directa sino que nosotros mismos, invocando una fuerza superior, a veces logramos poner en marcha ciertos resortes con los que nos ha dotado la Providencia pero que, por las razones que sean, hemos olvidado cómo se activan. Espero no estar metiéndome en un berenjenal metafísico innecesariamente intrincado para explicar los mecanismos de la voluntad. Mi intención no es hablar de logros extraordinarios –en los que desde luego creo- sino de logros más lúdicos, digamos. Estamos a comienzos de las vacaciones y, como todo el mundo hace buenos propósitos, me gustaría proponeros algún conjuro que al menos a mí me ha funcionado. Los conjuros, como los ritos, no son otra cosa que símbolos. Cuando escenificamos un ritual o realizamos un conjuro, ya sea atarse un lacito rojo para conseguir novio o ponerle perejil a san Pancracio, lo que hacemos en realidad es colocar en algún lugar muy visible una señal de que deseamos algo. Y esa señal, unida a la convicción de que san Pancracio o quien quiera que sea el patrono de los lacitos rojos nos van a ayudar, es lo que hace que, inconscientemente, “trabajemos” para lograr ese objetivo. Por tanto, no son san Pancracio, ni Cupido, ni Mandinga, ni el lucero del alba quienes nos conceden nuestro deseo sino nuestra propia voluntad puesta en marcha por tan peregrino mecanismo.
Aclarado este punto, me permito confiaros un conjuro que existe en Uruguay y que sirve para cambiar de vida. Supongamos que hemos tenido un desastroso invierno y nos gustaría inaugurar una nueva racha más próspera. Bien, para marcar en el subconsciente ese deseo de cambio, lo que se hace es que “le dan la vuelta a la pisada”. Desconozco el origen del ritual, pero como ha de realizarse en el campo, imagino que algo tendrá que ver con creencias de los gauchos.
Para llevarlo a cabo, lo único que hay que hacer es marcar la huella del pie derecho en barro húmedo y a continuación con una palita o utensilio similar levantar un cepellón de tierra con la huella y volverlo a colocar pero mirando hacia el lado opuesto al que miraba antes. Como veis, la simbología es muy clara, pues se trata de cambiar la dirección de nuestros pasos. Si queréis adornar un poco el ritual (la escenificación siempre ayuda) os diré que es aconsejable hacerlo de noche y, a ser posible, a la luz de la luna. Mientras se realiza, tampoco hay que olvidar repetir mentalmente el deseo confiando en que se cumplirá, con toda la fe posible.
Si ponéis en marcha mi conjuro gaucho y os resulta, por favor decírmelo, porque me encanta compartir con vosotros estos pequeños secretos.

7 comentarios:

Conchi dijo...

Pues en eso ando, a ver si resulta el conjuro... esperemos que si, pues ya me van haciendo falta tiempos de bonanza.
Bonito el cambio,¡me gusta!.
Un beso, preciosa.

mila dijo...

Pues con lo mal que se me daba a mi manualidades, en concreto todo lo relacionado con el barro, seguro que la espifico al sacar la huella, se me parte por la mitad y a ver hacia dónde me llevan mis pasos entonces...
Aunque por intentarlo que no quede.

Anónimo dijo...

conjuros?? n.s.n.c.
ahora bien, soy de los que tienen fe ciega en dos premisas:
-El efecto Pigmalión funciona
-Cuanto más utópicas sean las metas, más lejos llegamos

bonito summer look, gp

Juanjo dijo...

No creo demasiado en estas cosas, pero lo intentaré, y si tiene éxito te lo contaré.

Besos!

Abogada en Bcn dijo...

Ummm interesante!

Luisru dijo...

Mmmf, el problema para realizar el "cambio de pisada" es que los que no vamos al campo no tenemos donde hacerlo en la ciudad. El Retiro por la noche a la luz de la luna da un miedo que no veas, como si estuvieses en el 'Thriller' de Michael Jackson...

Salva dijo...

Al igual que los compañeros, no suelo creer yo mucho en los conjuros. Sumado que soy el rey de "los deseos de cosas imposibles" ... pero es que por mucho que intente olvidarla, hay una niña que me desmonta los argumentos en cuanto la veo.

Por intentarlo yo también, que no quede. Y si funcionase... Aunque soy bastante desastre y al igual que a Mila, seguro se me rompe la huella no mas sacarla.

PD: Soy un antiguo o esto de encoñarse de alguien aún se sigue llevando?

PD2: Soy salva, y vengo "redirigido" del blog de Mila.

Saludos a todos