viernes, agosto 24, 2007

El regreso a la Vía Láctea

Cuando empezó el verano el día en que el Sol alcanzó su mayor salto de altura sobre el horizonte. A partir de entonces, en época estival, se produce su máximo alejamiento de la Tierra, algo más de 152 millones de km, unos cinco más que enero. A finales de agosto, en el crepúsculo matutino, se dejarán ver los perfiles de Jupiter, Venus y Saturno, mientras que Marte se asomará como un diamante con la caída del Sol. En cuanto a las estrellas, destacarán por su fulgor las que conforman el llamado 'triángulo veraniego': Altair, Deneb y Vega. El relieve de la Luna permitirá, con ayuda de un telescopio, observar su luminosidad y sus accidentes orográficos, que para sus admiradores profanos compondrán un rostro real. La cara de la Luna. El 28 de agosto tendrá su eclipse total, que sólo será contemplado en América, Asia oriental y Oceanía, mientras que las lluvias de meteoros, en España, podrán hechizarnos si nos dejamos sorprender por el cielo abierto de la madrugada. La observación directa de la naturaleza, en vacaciones, amplía la percepción respecto al resto del año, un placer que nos hace sentir mejores personas.
Pero es probable que al llegar septiembre perdamos la noción de los millones de kilómetros que separan nuestra realidad de la Vía Láctea. Que olvidemos la existencia de Pegaso, Cefeo, la Cabellera de Berenice o las dos Osas, ocupados como estaremos con los plazos de la hipoteca, las compras de otoño o la renegociación de la nómina. Andaremos muy erguidos sobre el tiempo para no perder pie. Y necesitaremos hacer algo que pueda ser contado al final del día, que nos disculpe de nuestro mal humor, "estoy muy cansada, me voy a acostar". Nacimos con una misión fundamental, la de ser útiles y productivos, y nuestras vidas avanzarán por una senda bien distinta a la autovía láctea. Llegaremos puntuales, pero tal vez nos perderemos una sonrisa de nuestros hijos, una de las que siempre hemos querido disfrutar y que tanto se parece a cuando, después de cavar un foso en la playa, encuentran agua. Ya se sabe, una llamada urgente, un asunto de vital importancia. Una razón, una excusa. También renunciaremos a las horas perezosas con un libro abierto y el murmullo de las palmeras acariciando los sentidos. No añoraremos las auroras polares ni el sol de medianoche porque nuestra agenda sólo nos dará una tregua para ver 'Cinco hermanos'. Tampoco este nuevo curso podremos viajar a Venecia, y volveremos a posponer nuestras clases particulares de chino. Y aquel instante en que la playa se quedó desierta y sólo tú pisabas su arena quedará tan lejos como del Sol. Sin embargo, sabes que no podrás soportar el resto del año sin desear que aquella felicidad regrese. Lejos de los atascos y de las mamografías, de los extractos del banco y del calendario de vacunas. Del no llegar a querer cumplir, del primer constipado. Y te sentirás tocada por el privilegio de haber podido escapar de la rutina sin zapatos. De haber recorrido un camino que no va a ninguna parte. Como una lluvia de estrellas, de madrugada. Atrápala, por si acaso.


3 comentarios:

Cayetana Altovoltaje dijo...

Muy bien escrito, querida. Summertime, and the livin' is easy.
Eso sí, lo del chino este año no perdona: por Maosetún que antes de noviembre me apunto a unas clases.
Feliz vuelta a la realidad.

Luisru dijo...

Precioso. Para este final de las vacaciones, días irremediablemente tristes, quiero proponerte una película: 'Las vacaciones de Monsieur Hulot', una de las mejores cintas sobre el verano y, por supuesto, sobre el fin del verano. Hermosa, divertida, melancólica, mágica. pirata

Juanjo dijo...

Desde pequeñito me ha encantado mirar el cielo repleto de estrellas. Cada vez es más difícil, pero estas vacaciones he tenido ocasión de ver un cielo estrellado como hace mucho tiempo que no veía.
Por desgracia no distingo las estrellas y los planetas. Apenas la Osa Menor, y poco más.
Se aceptan lecciones.

Besos.