domingo, octubre 15, 2006

Ser madre


Hay percepciones, actitudes, sentimientos a los que sólo se puede acceder de la mano de un hijo. Tomar conciencia de ello me fascina y a la vez me aturde. Sientes cómo una danza hormonal te invade con sus cuerpos extraños. No deja de ser chocante cómo en tu patrimonio privado se introducen con pasmosa naturalidad pañales, arrullos, biberones... Te acuerdas de las madres que en el Tercer Mundo paren en el más ruin abandono, sin luz, sin médico, solas en su gemido. Otras han renunciado a ascensos y puestos de responsabilidad porque un aguijón en las tripas les ha impedido compatibilizarlo. Habría sido un acto de traición haber aislado la experiencia de parir del resto de mi paisaje, haber anestesiado las entrañas. Ser madre te convierte en activa militante de la felicidad de cada niña o niño que se cruce en tu vida. Son los auténticos vips, sabios personajes que se acercan al futuro en su gesto más leve, en su mirada más furtiva, en el cristal de su inocencia. Y debo convertirme en activa militante de su felicidad porque los paridos a dos velas, y sin apenas llanto, demasiado puros y hermosos, demasiado jóvenes para familiarizarse con el terror, no tienen portavoz que hable en su nombre. Se van acostumbrando. A pasar mucha hambre, a llorar sin consuelo, a dormir bajo la tormenta, a sentir el cuerpo helado de un padre que lo abraza en un último aliento, desesperado incapaz de justificar ese destino.


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3 comentarios:

mila dijo...

precioso post, carmen.

Anónimo dijo...

Ser madres es de las mejores cosas que tenemos, por no decir la mejor.
Besos
Laura

Juanjo dijo...

Siento una sana envidia por las mujeres que sois madres, porque los hombres no somos capaces de sentir tanto la paternidad. Vamos, que de danza hormonal, nada.
Sin embargo, al verlos, me pregunto: ¿Cómo nos podemos convertir en personas tan duras (a veces) siendo tan tiernos y dulces de pequeños?
Nos estropeamos con el tiempo, y lo peor, no sabemos evitar que eso le suceda a nuestros hijos. ¿Por qué?

Un saludo.